Neto, el portero que aprendió a la sombra de Buffon

Neto Murara, portero del Valencia. Miguel Ángel PoloMARCA

Aquel 17 de julio de 1994 estaba ante la televisión, como medio Brasil. 24 años después, la Canarinha tenía la oportunidad de alzar la Copa del Mundo. Con cinco años, Norberto, Neto, Murara (Araxá, 1989) no quería ser Romario ni Bebeto, su ídolo era Claudio Taffarel, aquel portero pelón que fue capaz de parar el lanzamiento de Massaro en la tanda de penaltis y encarrilar el título.

No es fácil ser brasileño y ponerse bajo los palos. «Yo nací portero», no duda en repetir Neto. Quizá lo lleva en los genes porque su padre también lo fue, recorriendo varios equipos hasta llegar al Botafogo. Sus guantes siempre fueron un juguete para un guardameta que, pese a los titubeos del Valencia en este inicio de campaña, es de los menos goleados de la Liga: nueve tantos en 13 partidos, los mismos que el Zamora Oblak, del Atlético.

Neto llegó a Mestalla para escribir su propia historia, que a punto estuvo de truncarse por bajito. Elegía la portería hasta en las pachangas de barrio, pero no hubiera llegado sin la paciencia del Atlético Paraenense, que esperó ocho años a que se estirara hasta el 1,91 metros y la selección llamara a su puerta. Y entonces, como su ídolo Taffarel, dio el salto a Europa por 3,5 millones de euros. Sin miedo se lanzó a la Fiorentina.

El brasileño es un meta moderno, que se maneja con los pies, analiza hasta el más simple de sus movimientos una y otra vez en vídeo y desliza madurez a sus 29 años. Podría decirse que es un portero europeo por culpa de un valenciano: Alejandro Rosalén. Al preparador de porteros le marcaron un objetivo: explotar el potencial de Neto. Debía hacer que se acostumbrara al calcio rápido y táctico lo antes posible. Y lo consiguió. En cuatro temporadas y media dejó a Neto a un paso de batir el récord de imbatibilidad de la escuadra viola, en manos de Enrico Albertosi desde los años 70.

La sombra de Buffon

En el despegue del brasileño se cruzó en 2015 el Juventus, deseoso de encontrar a quien fuera capaz de jubilar a Gianluigi Buffon. No fue fácil asumir la suplencia para Neto. De firmes creencias religiosas, optó por verla como un máster en el fútbol y en la vida, el primer revés lejos de casa. Ser la sombra de un mito debía tener su lado positivo, pensó. Sumó títulos y se acostumbró a ver a Buffon copiando sus movimientos detrás de la portería en los calentamientos. Confiesa que nunca olvidará el respeto que demostraba a los compañeros, aunque en su caso fuera además rival.

En dos años en el Juventus Stadium apenas jugó 22 partidos en los que recibió 15 goles. Una llamada de Marcelino volvió a hacerle arriesgar. El Valencia se parecía poco a aquel equipo que ganó Ligas y jugó finales de Champions a principios de este milenio, pero sigue teniendo su leyenda, ya centenaria. Eso le contó Joaquín Sánchez, con quien entabló amistad en Florencia. Al gaditano tenía que hacerle caso.

Seis millones de euros pagó el club de Mestalla por su tercer meta brasileño en la última década [tras Renan Brito y Diego Alves] y a las órdenes de José Manuel Ochotorena -el maestro de Alejandro Rosalén- ha encontrado el sello a su portería. Neto cerró su primera campaña con 33 goles encajados en Liga, una cifra suficiente para Marcelino, pero mejorable. El reto de esta temporada es rebajarla hasta los 30. Superado el primer tercio de la competición, y pese a la irregularidad del Valencia, sólo ha encajado nueve y es, junto a Oblak, el meta menos goleado.

En Champions las cifras son menos lucidas: ha encajado tantos goles como ha marcado el equipo, un total de cuatro. Eso sí, logró mantener la portería a cero en Old Trafford, algo que tendrá que intentar también en el que fue su estadio para que el Valencia siga soñando con prolongar su paso por esta Liga de Campeones más allá de Navidad. La tarea no será fácil porque sólo el Real Madrid ha sido capaz de salir victorioso de Turín en los últimos diez años.

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