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Niki Lauda
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Niki Lauda

El triple campeón del mundo muere a los 70 años. Su historia de supervivencia le convirtió en una leyenda de las carreras y trasladó ese carisma que le caracterizaba a sus negocios fuera de la pista.

Los pellizcos de una salud temblorosa acabaron en la pasada madrugada con la vida de Niki Lauda, a los 70 años. Un transplante de pulmón y las continuas recaídas de los últimos meses derrotaron a una de las leyendas de la Fórmula 1, el último héroe que quedaba para recodar aquellas carreras contra la muerte. Esta vez el austriaco no podrá resucitar, como lo hizo en 1976 en Nurburgring. En su escudería, Ferrari, empezaron a preparar el funeral al conocer esa noche, tras su terrible accidente, que incluso había recibido la extremaunción.

Nadie podía imaginar que iba a sobrevivir a los eternos segundos que pasó dentro de su monoplaza envuelto en llamas. Seis semanas después estaba en la pista peleando por defender el título de campeón del mundo que había agarrado el año anterior. Una corona que volvería a ganar dos veces, ya sin pestañas, sin una oreja, con el terror grabado en el rostro, pero con la misma ambición y talento de siempre. Una fuerza que le hizo volver a las pistas para ser campeón del mundo por última vez después de retirarse y montar, nada más y nada menos, que una línea aérea, a principios de los 80.

Carismático y tozudo al volante y en los negocios, capaz de ganar millones de dólares en el difícil negocio de los aviones, donde tampoco daba tregua, como en la pista. A Arturo Merzario, el piloto que le rescató del fuego en Nurburgring, le regaló como agradecimiento un reloj usado de su mujer, afianzado así su fama de cuidadoso con el bolsillo. Su ojo con el dinero le hizo ganar mucho. «Me exigió hacer los huevos igual que si estuviéramos en mi restaurante de Viena. Y lo conseguimos», cuenta Attila Dogudan, el rey del catering mundial, al que Lauda sacó de su pequeño local para meterle de cabeza en las mejores areolíneas del mundo primero y después, en el deporte de élite. La carta de DO&CO se sirve en el exclusivo paddock club de la Fórmula 1 y también regenta la zona vip de los Masters Series de Tenis. El del Mutua Madrid Open deja con la boca abierta a los invitados.

«Con gran dolor anunciamos que nuestro querido Niki ha fallecido apaciblemente el 20 de mayo de 2019, rodeado de su familia», comunicaron los familiares del piloto y empresario. En la Fórmula 1 se esperaba el fatal desenlace en las últimas semanas, tras empeorar una salud que arrastró delicada desde el accidente del 76. Semejante trance disparó su popularidad y la de su deporte, escribiendo años de historias de rivalidad salvaje en el asfalto y fuera, con pilotos que competían no sólo por ganar la siguiente curva.

Palmares del campeon

Lauda vs. Hunt

La guerra con James Hunt dio para una película (Rush), con dos tipos muy distintos disputándose el cetro de la F1. En el 76, Lauda hizo caso omiso a las prohibiciones médicas para volver a subirse al Ferrari. En su imprudente regreso, cada vez que se quitaba el casco, la sangre le chorreaba por las quemaduras todavía tiernas. Le lloraban los lagrimales. Se mareaba. Y a alta velocidad sufría vértigos y ataques de pánico. Parecía un moribundo. Pero no podía seguir en casa, su ansia competitiva lo impedía. Quería evitar a toda costa que el Mundial se lo llevara su enemigo, un galán de la época. Los amigos de Hunt cuentan que el fin de semana del desenlace del campeonato, en Japón, mantuvo sexo con más de 30 mujeres. Ese domingo amaneció además con un aparatoso temporal de lluvia, que estuvo a punto de suspender la carrera. Lauda, entonces sí, tiró de sentido común, al retirarse a las pocas vueltas. «En la vida hay cosas más importantes que un título de F1», le dijo a Mauro Forghieri, su director en Ferrari. El Mundial de 1976 fue para Hunt, que moriría de un infarto a los 45 años por culpa de su vida de excesos.

Lauda es la Fórmula 1, su escaparate al mundo para convertirla en negocio y pasión global. Si Bernie Ecclestone transformó el formato para hacerlo un espectáculo de masas, fueron tipos como el austriaco los que conquistaron a los aficionados, los que pusieron alma a los coches más rápidos de la tierra. Hill, Lauda, Prost, Senna, Schumacher, Alonso, Hamilton… Ellos son la historia de las carreras.

Aparcado el monoplaza, Lauda pasó a ser una figura más del circo de la F1, estando presente en todos sus escenarios: desde la cabina de retransmisión hasta el muro de boxes. Gorra roja, verbo afilado, simpático a veces, hosco otras. En los 90, como asesor de Ferrari, recomendó fichar al joven Schumacher. Después fue director de Jaguar y Mercedes. Presente, como alto directivo del equipo, ha estado en el actual ciclo triunfal de la marca alemana, dominadora absoluta de las carreras en los últimos años, con Lewis Hamilton al volante. «Nuestro equipo ha perdido a uno de sus guías espirituales», le dedicó ayer Toto Wolff, el presidente de la escudería de la estrella.

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