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Colombia

[OPINIÓN] El uribismo y su juego con la Justicia en Colombia

El caso de alias ‘Jesús Santrich’ ha sido un tema de telenovela en Colombia: algunos defienden la postura de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), ente judicial que avaló la promesa de no extradición al exguerrillero, así como su libertad, mientras que otros sectores, como el Gobierno Nacional, critican la decisión y solicitan la pronta extradición de Santrich a Estados Unidos.

Por mi parte, apoyo a los primeros. Antes de que digan los típicos insultos como “mamerto”, izquierdista”, “castrochavista”, “guerrillero”, entre otros improperios que hoy en día hacen parte del idioma colombiano, permítanme decirles que no, no lo soy.

No defiendo al hoy partido de la FARC. Tengo memoria de las atrocidades que realizaron y que fueron protagonista de una historia de violencia, crimen y dolor que hoy en día empaña la realidad de nuestro país. Tampoco defiendo al Gobierno colombiano; una administración liderada por un presidente que llegó al poder con propuestas que hoy son promesas sin cumplir (Fracking e impuestos, por ejemplo) y cuyo único logro es convertirse en un traspié para el Acuerdo de Paz.

Acuerdo, no rendición

Tampoco caeré en el error de señalar el tratado entre el gobierno colombiano y las FARC como la consecución de la paz en Colombia, pues para alcanzar ese bello logro, no solo basta con una firma. La paz se alcanza desde la familia, los colegios, los barrios; desde lo más mínimo podremos soñar con la verdadera paz. Sin embargo, lo que sí intentaré aclarar para muchos de los obstinados que están en contra de este proceso, con argumentos como la impunidad y la supuesta entrega del poder a la guerrilla, es que la primera es necesaria, y que la segunda no existe.

Señores uribistas, lo que se pactó en La Habana y se firmó en Colombia no es un acto de rendición por parte de las FARC, sino un acuerdo entre dos partes que pasaron de las armas al diálogo. Ni el Gobierno pudó contra la guerrilla, ni las FARC pudieron contra el Gobierno. Se hicieron mucho daño, eso sí, pero ninguno estuvo ni siquiera cerca de lograr su verdadero cometido.

Y antes de que me digan que a Uribe le faltó poco para desterrar esa “plaga” del país, permítanme recordarles el escándalo de los mal llamados “falsos positivos”, crímenes extrajudiciales que, según datos arrojados por investigaciones de las ONG en Colombia, fueron más de 10.000 entre 2002 y 2010… adivinen durante el mandato de quién.

Aún así, el «salvador» lucha por acabar lo medio decente que hizo Juan Manuel Santos al frente de Colombia, por medio de objeciones, críticas y tweets llenos de veneno y ofensas para aquellos que no piensan igual a él.

¿La justicia uribista?

Ejemplo de esto es lo que pasa con Santrich. El Gobierno, liderado por Uribe y no por Duque (lo que todos sabemos que sucede), ha mostrado su orgullo herido cuando la JEP le dijo que no a la extradición del exlíder de las FARC. No había pruebas hasta entonces para demostrar los nexos del exguerrillero con el narcotráfico luego del Acuerdo de Paz. Sin embargo, justo después de perder la batalla legal, la Fiscalía, orquestada por el uribismo, sacó dichas pruebas que desde hace tanto se estaban solicitando.

¿Por qué ahora? La respuesta es sencilla: Para Duque, Uribe y sus secuaces el protagonismo no puede ser de la JEP. Si la Jurisdicción para la Paz hubiese aceptado la extradición de Santrich, demostraría que la justicia del posconflicto funciona de manera imparcial, lo cual daría la validez que hasta el momento no le han permitido demostrar. Las pruebas no llegaron antes, porque al uribismo no le conviene que la JEP funcione como hasta el momento lo ha intentado. Eso sería mostrar debilidad en su plan por mostrarse como los héroes del país.

Ahora Duque buscará mostrar su “poderío” como presidente de Colombia extraditando a Santrich a Estados Unidos, y lo más seguro es que lo haga. Aunque lo que demostrará no será su dominio, algo que nunca ha tenido ni tendrá; por el contrario, seguirá reflejando la bajeza moral y política aprendida de su gran maestro. Para él nunca importará el número de artimañas que se necesiten para acomodar la Justicia a su modo, pues lo importante para Uribe no es el respeto por las instituciones democráticamente establecidas en Colombia, sino perpetuar su ideología en el poder, y de paso perpetuarse él.

Tal parece que el argumento de convertirnos en Venezuela no era una precaución por parte del uribismo, sino una amenaza.

Christopher Ramírez – Colombia.com

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