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España

Perros de trabajo, vidas al servicio de la sociedad, un vacío legal y un final incierto

Una docena de perros juegan por el mismo césped que esa noche ocuparán unos recien casados junto a sus invitados. Perros grandes; la mayoría son pastores alemanes, bastantes de la línea de trabajo checa, y pastores belga malinois. También hay un par de labradores, un perro de aguas y algún mestizo.  Los hay que olisquean en la distancia las bandejas que los camareros llevan con queso, lomo o hamburguesitas. Tienen buen olfato, muchos fueron seleccionados por su buena nariz y adiestrados para buscar drogas, personas o explosivos.  

«Alguna vez hemos visto en las bodas a algún perro acompañando a una persona con discapacidad y en alguna ocasión los novios han tenido aquí a su perro durante la media hora de la ceremonia, pero nunca habíamos tenido tantos», comenta uno de los trabajadores del complejo en el que este viernes se está homenajeando a veinticinco perros de trabajo y a sus familias adoptantes.

Todos ellos son animales que prestaron servicio a la sociedad desde los diferentes cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Algunos por poco tiempo, porque con uno o dos años los declararon no aptos por distintos motivos. La mayoría ya con una edad avanzada, licenciados tras muchos años de trabajo. Los hay incluso laureados, como Chusky, de catorce años, un malinois especializado en la búsqueda de personas que participó en catástrofes como el terremoto de Haití o en la búsqueda del cuerpo de Marta del Castillo y que fue el primer perro en recibir la medalla al mérito policial. 

«Mucha gente nos pregunta cómo pueden acabar sin hogar perrros así, pero es que un guía no puede mantener cuatro o cinco perros en su casa, no puede quedarse todos los que dejan de ser aptos y sumar a los nuevos», explica Juan Cuaresma, uno de los integrantes de la asociación Héroes de 4 Patas.    

Los veinticinco perros y familias homenajeados han sido seleccionados de forma aleatoria entre los casi 200 a los que ha encontrado un hogar en el que acabar felizmente sus días Héroes de 4 Patas, una asociación integrada por policías que, desde que nació hace cuatro años, trabaja incansablemente para visibilizar la labor de esos animales y asegurarse de que la llevan a cabo en las mejores condiciones. Por ejemplo, en mayo de 2018 viajaron hasta Viena, para presentar a la ONU su propuesta para regular las condiciones de vida de estos perros desde que nacen hasta el final de sus días, porque la realidad es que existe un enorme vacío legal, y la creación de un día internacional que los ponga en valor. 

En estos momentos, Héroes de 4 Patas tiene una decena de perros retirados esperando su segunda oportunidad en forma de familias capaces de afrontar el reto que supone su adopción. Reciben muchas solicitudes, pero pocas acaban fructificando. Son perros que suponen un reto, que requieren un periodo de adaptación, que no encajarían en cualquier hogar.

«Siempre se lo pongo muy negro a las posibles familias, tanto que dicen que parece que no quiero dar a los perros, pero es que no quiero que se creen expectativas equivocadas», explica Juan Cuaresma, que reconoce que han tenido algún caso de adopción fallida y que abundan las peticiones de adopción de personas que creen que, por ser perros procedentes de la Policía, el Ejército o la Guardia Civil, van a tener en casa un Rex perfectamente educado que, como en la televisión, les rescate a los niños si se pierden. «Eso en cierta medida puede llegar a darse con el tiempo, pero también puede que no», afirma.

Otro de los representantes de estos perros jubilados que han logrado una buena familia en la que terminar sus días, y que han recibido una beca de pienso por parte de Purina, es Hugo, un pastor alemán de ocho años que prestó servicio en la Policía Nacional buscando explosivos. Ahora pasea, escapando del bullicio, junto a dos niñas de las que es compañero de juegos. «Le gusta jugar a encontrar lo que le escondemos, pero hay que tener cuidado porque rompe muchos juguetes. Rompe más juguetes que yo», explica la niña más pequeña, añadiendo orgullosa que su perro estuvo en la coronación del rey. La mayor, ya adolescente, fue la que propició que Hugo llegase a la familia: «yo quería un perro, cualquier perro, todos me gustan».   

No obstante, Hugo llegó con muchos miedos. Le costaba confiar en su nueva familia. «El bullicio le asusta, tal vez tuvo una mala experiencia estando con multitudes. El iba a sitios como estados de fútbol, pero no lo sabemos», explica la madre de las niñas, feliz ahora junto al nuevo miembro de la familia. 

Para asegurar una buena transición una vez formalizada la adopción se cuenta con el apoyo de los que fueron sus guías, que asesoran a las familias en lo que necesiten. «Nosotros no los conocemos tan bien como ellos», asegura Cuaresma. También hay iniciativas como Proyecto Perro, en Sevilla, para tratar y recuperar a los perros con más inseguridades y miedos antes de darlos en adopción. Por allí pasó Mago, un pastor alemán de línea checa de nueve años que trabajó en el aeropuerto de Sevilla al lado de la Policía Nacional en la detección de explosivos y antiterrorismo. 

Vespa es una perra pastor belga malinois de apenas cinco años, que había trabajado en el rescate de personas en una unidad de protección civil, y perdió una pata tras la mordedura de otro perro. Se convirtió en toda una estrella tras salir en El Hormiguero y la familia de Navarra a la que llegó no podía más idónea; ya tenían otro perro de la misma raza y sabían que no son animales aptos para cualquiera, que requieren de dueños experimentados que les den el ejercicio y el estímulo mental que necesitan. «La vimos en la televisión y pensamos que tal vez, como le faltaba una pata, lo tendría más difícil, así que nos animamos a ofrecernos para adoptarla», cuenta su actual dueño, que es un amante de la montaña y asegura que la falta de una pata no le impide hacer vida normal. «A ella la adaptación se la hizo fácil Zape», sostiene refiriéndose a su otro perro. 

«Cuando vamos caminando va oliendo y buscando explosivos bajo los coches. Bueno, también gatos», explica el adoptante de Ulán, un bretón de diez años que tuvo la suerte de trabajar  para la Policía Nacional detectando explosivos tras pasar por la perrera de Sevilla. Tras seis años de servicio tuvo que ser retirado por graves problemas de cadera y rodillas que ya le han supuesto diferentes tratamientos e intervenciones quirúrgicas.  

Tampoco la labradora de once años Nala tiene del todo claro que ya está jubilada. «Aún se acerca a veces alguna vez a algún chaval, a marcarlo, mientras paseamos. Pero lo más grave que ha pasado es que se quede con la cara colorada», cuenta su adoptante, que está feliz en su compañía. Fueron muchos años sumando éxitos en la detección de estupefacientes para la Policía Nacional.  

Otros, en cambio, disfrutan ahora de una vida de caricias juegos, superada ya su etapa de trabajo. Enko es un mestizo de cinco años cruce de labrador que detectaba explosivos para el Ejército del Aire. Su familia lo adoptó tras ver su foto, porque les recordó al perro que habían perdido poco antes, y quedaron sorprendidos de lo mucho que disfruta del juego.  «Por mucho que escondas sus juguetes, los encuentra todos. Y si le pides un juguete en concreto, sabe cuál es y te lo trae», cuenta su actual dueña. 

Entre los perros de trabajo retirados que buscan hogar hay muchas razas, hay perros jóvenes y ancianos saludables, pero también los hay con problemas de salud, causa precisamente de su jubilación. Perros como Nanuk, un pastor alemán negro de apenas cinco años que estuvo en la unidad de Presidencia del Gobierno encargado de la detección de estupefacientes y que tiene problemas en las córneas y las encías. «Yo ya tuve antes otro perro de trabajo retirado con problemas, pero murió demasiado pronto. Tenía claro que quería otro que también necesitara cuidados especiales», explica su adoptante. ¿Por qué? La respuesta no puede ser más sencilla y generosa: «porque para adoptar perros jóvenes y sanos ya hay muchos candidatos».     

Resulta evidente que se trata de un homenaje merecido. A los perros, por el servicio prestado a la sociedad. A las familias que les han dado un hogar, por asumir ese reto. A Héroes de 4 Patas, por su labor haciendo posible casi doscientos finales felices como los de Nala, Hugo, Vespa o Mago. 

Juan Cuaresma concluye con un deseo «más implicación» por parte de las administraciones responsables para asegurar el bienestar de estos perros una vez termina su periodo de servicio, «porque no son objetos, son seres vivos». 

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