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‘Por 13 razones’ debería haber terminado en la primera temporada

Por 13 razones ha vuelto a la plataforma de Netflix con una tercera temporada que cambia el rumbo de una serie que, en sus inicios, fue pionera en abordar temas tan delicados como el suicidio juvenil. Si bien la segunda temporada demostró ser innecesaria, pero al menos continuaba la trama con el juicio de la familia de Hannah Baker contra el colegio por la negligencia mostrada ante el abuso constante que vivían sus alumnos, la tercera lo es aún más. Y es una pena.

A pesar de mantener temas adolescentes de importancia como el embarazo juvenil o el bullying escolar, la serie se adentra en un tema aún más complicado en EEUU como la violencia armada. Al final de la segunda temporada, uno de los adolescentes víctimas del acoso escolar y el abuso físico terminaba buscando venganza y se presentaba en el baile estudiantil con un rifle automático. Pero el protagonista de la historia, Clay Jensen (Dylan Minnette), lo detenía a tiempo, cogiendo el arma y pidiendo a su compañero que huyera mientras se oían las sirenas policiales de fondo.

Sin embargo, ese final ya disparó las alarmas, pronosticando una tercera temporada que auguraba expandir su historia, alejándose de la figura de Hannah y su suicidio para adentrarse en otro tema de terrible actualidad en EEUU como son los tiroteos en las escuelas del país. Sin embargo, después de las críticas recibidas por parte de las asociaciones de padres preocupados por la representación del suicidio juvenil en la primera temporada, creería que habían aprendido la lección y se adentrarían en este tema de manera delicada. Pero parece que no.

En aquella primera tanda estrenada en 2017, nos encontrábamos con la historia de una protagonista que conquistaba a la audiencia con su inocencia a través de los casetes que dejaba a cada una de las personas que estuvieron relacionadas con su decisión. La serie arrancaba dejando claro que Hannah se había suicidado -de eso no había duda- y con un casete por capítulo nos iba remontando a las circunstancias que la llevaron a la optar por la muerte. A su lado había otro personaje, Clay, el más afectado por su muerte de entre todos los adolescentes de la historia. Y en él se centró la segunda temporada. La culpa le hacía imaginar a Hannah continuamente a su lado (y así permitieron que la actriz Katherine Langford continuara en escena), mientras se iba explorando el drama de otros personajes ahondando aún más en la violencia juvenil a través del bullying provocado por los más fuertes del colegio (los deportistas) y las violaciones perpetradas por su líder, Bryce Walker (Justin Prentice).

Pero después de que el juicio declarara que no era responsable por la muerte de Hannah, la serie tomó el rumbo de la venganza, concluyendo la temporada con el intento de asesinato en masa de Tyler Down (Devin Druid) con un arma en pleno baile estudiantil.

Y así arrancó la tercera temporada. Y qué mal que arranca. La serie cambia de narradora al colocar el relato sobre una recién llegada al instituto, Ani -interpretada por Grace Saif-, una investigación por la muerte del villano (que anunciaba el tráiler) y un grupo de adolescentes protegiendo al joven que iba a perpetrar la matanza escolar. Y resulta insólito. Y explico por qué.

Esta serie se atrevió a desempolvar una realidad de la que pocos hablaban, desafiando sobre todo a la sociedad estadounidense, abriendo los ojos de padres y profesores sobre una realidad de suicidios y bullying creciente. Te haya gustado menos o no, la primera temporada no fue indiferente para casi nadie. Fue un fenómeno para Netflix y un fenómeno social que dio pie a conversaciones necesarias. Al final de la segunda temporada parecían abrir la caja de la otra gran polémica del país con las masacres infantiles en mano de francotiradores, y a cambio nos topamos con una trama similar a Pequeñas mentirosas (Pretty Little Liars) o Riverdale, en donde los protagonistas adolescentes se creen detectives capaces de descifrar un crimen, de detener a un asesino en potencia y dejarlo libre.

Se comprende que el personaje de Tyler ha sufrido tanto acoso y bullying que está confundido y no puede más, pero de ahí a ir a la fiesta escolar armado hasta las trancas dispuesto a matar a sus compañeros, dejando incluso una carta de despedida a su familia, es otro tema. El que los adolescentes pueden creer que lo saben todo y quieran actuar por su cuenta no es de extrañar, pero precisamente que estos personajes que vienen de pasar por el suicidio de una amiga, el reconocimiento de un violador en sus pasillos y un juicio, decidan proteger a un francotirador sin pedir ayuda a un adulto, no tiene ningún sentido.

Es cierto que lo convencen para que vea a una psicóloga pero no está claro que Tyler hable con ella realmente de lo que había pensado hacer. Y al contrario los protagonistas se convierten en babysitter de este asesino en potencia, poniendoen peligro sus vidas y las del resto. Mientras tanto se convierte en una temporada detectivesca que utiliza la misma idea del principio de ir descifrando un misterio poco a poco, dejando a los adultos y a la policía en un segundo plano, pero transformándose más en una serie adolescente de ficción que ha perdido la originalidad que la convirtió en un fenómeno seriéfilo. A cambio tenemos una historia en donde la venganza juega un papel esencial, en donde los personajes se acusan de ser capaces de asesinato y hasta se amenazan con cuchillos para defenderse del bullying. Se convierte en una especie de Pequeñas mentirosas Liers 2, con un toque de Riverdale y otro poco de Sex education a través de lecciones sexuales entre compañeros.

Si bien intenta introducir otros temas de relevancia como el aborto y el embarazo adolescente, termina centrándose en el misterio y lamentablemente, pierde aún más esa capacidad de despertar conciencias que la hizo pionera hace dos año.

Es por todo esto que la serie podría haber culminado por todo lo alto si hubiera puesto fin a la trama con la primera temporada. Fue una temporada redonda que cumplía su propósito y despertaba conciencias, pero al continuarla perdió su originalidad, convirtiéndose en otra serie adolescente de clichés. Las intenciones están y es probable que pretendan despertar conciencias sobre el peligro de la venganza y la importancia de las segundas oportunidades, pero el convertir a los protagonistas en héroes detectivescos en pleno caso criminal, hace que la serie pierda su esencia.

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