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España

Puigdemont intentó boicotear 'in extremis' el pacto de la Diputación

El Apunte del Domingo

Opinión

La presidenta de la Diputación de Barcelona, Núria Marín, con algunos diputados provinciales del JxCat. Quique García EFE

EL INDEPENDENTISMO político se ha convertido en una sustancia química cuyo comportamiento es difícil definir. Sus reacciones varían según la hora del día y el interlocutor. El principal causante de esa inestabilidad se llama Carles Puigdemont. Esa metodología suya basada en la tensión comienza a cansar a unos, pero mantiene a otros vivos como fórmula de subsistencia.

Si tuviéramos que describir una tabla periódica de química indepe, los ingredientes fundamentales irían trasmutando según las características del momento. En estos instantes podríamos encuadrar tres: el independentismo de ERC, el de Waterloo y el del PDeCAT. El primero iría por libre pero se inflama cuando se acerca a las sustancias que llegan desde Bélgica. Les tienen ganas porque en las últimas contiendas electorales han estado a punto de tocar gobierno, pero se han quedado a las puertas. El segundo y tercer ingrediente crecen de la misma materia pero con características diferentes, en este momento incompatibles. Afortunadamente no se precisa de un químico para desvelar qué hay detrás del pacto del PSC y JxCat en la Diputación de Barcelona.

Los que han seguido de cerca el acuerdo revelan que ha habido dos personas fundamentales en la negociación: Salvador Illa, secretario de Organización del PSC, y David Bonvehí, presidente del PDeCAT. La propuesta desde el principio era Núria Marín como presidenta. La suma sólo daba con el partido de Puigdemont. Pero el pacto era estresante. Unos, porque pactaban con los del 155. Los otros, porque lo hacían con los independentistas. Las necesidades crematísticas primaron. Y la presión de los líderes municipales del PDeCAT también.

Pero no fue fácil, sobre todo para Bonvehí. Desde el momento que comenzó a filtrarse el posible pacto, las miradas apuntaron a Puigdemont. Aseguran que en las primeras conversaciones el president fugado no veía con malos ojos la jugada, sobre todo por el dinero que significaba. Además, su conciencia, al menos la personal, podía relajarse ya que su mujer, Marcela Topor, está contratada por la cadena televisiva que financia la Diputación de Barcelona, de forma preferente, la Xarxa (XAL), y podía asegurar con ello su contrato, cuantificado en 6.000 euros mensuales.

Sin embargo, no todo el mundo coincidía con la visión doméstica del pacto. Una parte de JxCat, los líderes más comprometidos con Puigdemont y con Quim Torra, la rechazaban de plano. Así, la presión de dirigentes como Laura Borràs o Míriam Nogueras, no satisfechas con este acuerdo, hicieron que Puigdemont cambiara radicalmente de opinión y, el mismo jueves por la mañana, unas horas antes del Pleno de la Diputación, intentara forzar la ruptura de las negociaciones. Fuentes cercanas a esta formación aseguran que amenazó desde un punto emocional con una ruptura con el partido que preside Bonvehí. Las mismas fuentes también señalan que es la metodología habitual del que fuera president. Y es que este pacto fortalece al PDeCAT menos puigdemontista, el municipal.

Los líderes de los pequeños municipios han soportado en el partido en los últimos años un descenso de representatividad y visualización, al focalizar toda la potencia política de la formación en Waterloo y la independencia. En algunas poblaciones revalidar o hacerse con la Alcaldía ha sido un esfuerzo muy individual. El pacto con los socialistas en la Diputación les inyectará una serie de inversiones como obras de mejoras o el asfaltado de alguna carretera.

Aunque lo más importante es el número de asesores que los del PDeCAT podrán contratar sin ningún tipo de pruebas y que vendrán a darle algo de alegría a una formación en horas bajas de financiación.

Pero el pacto supone un antes y después en la formulación química que antes decíamos. La unidad del independentismo, una falacia que se mantiene viva de cara a los hiperventilados, ha saltado por los aires. El militante indepe lo ha vivido en directo y las consecuencias todavía no se pueden mesurar.

Afectará al Govern, aunque su acción sea nula. Sólo una ley aprobada en lo que va de legislatura. Hasta la sentencia nadie espera nada. Y habrá daños colaterales. Aseguran que Miquel Iceta se la tenía guardada a ERC por no haberle hecho senador. Cojan una de palomitas.

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