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España

Reportaje | Seseña, donde los 'hijos del Pocero' votan a Vox

Este lugar habla de nosotros; este lugar, que siempre se miró como ajeno, con la soberbia del que dice «pobre gente» sin entender que hay otras formas de vida, indica con crudeza en qué momento estamos. Gusta de extremos, es un lugar-símbolo, paradigma de la burbuja inmobiliaria, de su explosión y del erial consiguiente. Hoy sigue hablando claro. En lo inmobiliario, desmelenado en la recuperación del valor del ladrillo, exponente de la segunda ciudad con mayor crecimiento de la vivienda en España (un 62% en el último año, según pisos.com), a la par de Moguer y Vélez-Malaga. Y también grita en lo político: los hijos del Pocero prefieren a Vox.

En las tres secciones de El Quiñón, barrio de la toledana Seseña célebre por su constructor, y sus desvaríos, venció la formación hermana de la extrema derecha europea. Uno de cada cuatro votantes escogió la papeleta de un partido del que no hay carteles ni en el emplazamiento reservado para las formaciones que concurren a las elecciones municipales. Allí, alguien grafiteó Vox, con la x convertida en esvástica. No jugaremos a eso. Aunque sea sencillo, no es ajustado. Simplemente, este lugar es una probeta radical sobre las dinámicas en curso.

En 2015, en Seseña, la suma de Podemos e IU dio el sorpasso, no al PSOE, sino a todos. En 2016, el PP se recuperó con aún más pujanza que en el resto del país. Y ahora las dos modas se cruzaron hasta el pasmo. Si el PP de Casado se quedó a medias, el PP en El Quiñón se quedó en un tercio; si Vox pasó de 0 a 10 a nivel nacional, en lo que se llamó Pocerolandia pasó de 0 a 25. En el global del municipio, el PP, segunda fuerza nacional, fue quinta, y Vox, quinta fuerza nacional, fue tercera (2.415 apoyos), a 16 votos de Ciudadanos. El trasvase PP-Vox fue pleno. Respecto a 2016, el PP perdió 21,52 puntos; respecto a 2015, Vox ganó 21,46 puntos. Seseña es España mayúscula.

Una mujer pasa ante una pintada de Vox en Seseña

Este pueblo, 3.978 habitantes en 1999, se ha multiplicado por seis en 20 años; es una ciudad que cerró 2018 con 24.255 habitantes. Seseña se ha hecho de hipérboles y antagonismos: a Manuel Fuentes, militante del PCE (en Castilla-La Mancha, oigan), alcalde por IU de 2003 a 2011, le siguió, por mayoría absoluta (11 de 17 concejales), un alcalde del PP, Carlos Velázquez. Ambos desde las antípodas, convergen: «En el Quiñón, en política, oscila mucho según el ambiente nacional del momento»; «se acentúan las dinámicas nacionales». En poco más coinciden.

Manuel Fuentes fue el látigo de ‘El Pocero’, que llegó a ponerle al alcalde 12 querellas (archivadas) en aquellos tiempos de… «Me amenazaban de muerte, mi mujer oía con el móvil en altavoz cómo intentaban extorsionarme mientras decían que algunos acaban en las cunetas… Yo lo tomaba por bravuconadas, pero temía por mi mujer y mis dos hijas». Paralizó el frenesí inmobiliario y fue un héroe, pero llegó la crisis, la localidad había crecido tanto que era irreconocible su genética (gobernó el PCE tras la Transición) y en las calles creció la bicha de que el rebelde Fuentes había alejado a las empresas, profundizando la quiebra. Y emergió Carlos Velázquez: «El criterio era tratar a El Pocero como a cualquier otro promotor de la zona, para que las batallas personales de un alcalde no perjudicaran la vida de unas personas convertidas en rehenes». Manuel Fuentes, en su domicilio, rescata una carpeta amarilla con documentos para probar las reuniones secretas de su sucesor en la Alcaldía con El Pocero. Y Carlos Velázquez replica con los hechos: «Hace año y medio que garantizamos el agua, algo pendiente desde 2004, somos la ciudad de la región donde más trabajo se genera…».

En el remate de la legislatura estuvieron de acuerdo en algo: revalidar un dictamen de un Pleno de 2011, en el ocaso de IU, para revocar la licencia de El Pocero como agente urbanizador, por sus incumplimientos, por sus deudas (la Agencia Tributaria la situó en 86 millones en 2015)… Del constructor no se sabe nada desde mayo de 2016, cuando resucitó para prometer asesoría legal por el incendio en el vertedero de neumáticos vecino al residencial que lleva su nombre, Francisco Hernando. Nada, donde en una rotonda, con estatuas a tamaño real, honra a sus padres; donde el parque está bautizado como su mujer, María Audena; donde construyó 5.096 de las 13.500 viviendas proyectadas y que algún día serán realidad, según Manuel Fuentes. Y Carlos Velázquez se cruza para precisar que aquellas 13.500 las aprobó el PSOE -el alcalde se salvó judicialmente porque no se pudo probar el origen ilícito de su inexplicable fortuna- y que las 5.096 las legalizó IU. «Yo no he autorizado ninguna», sentencia quien ahora, a sus 38, se juega mucho, tras perder en las primarias regionales con el candidato oficialista -obtuvo un notable 35,11%-. Fuentes ya no se juega nada. Tras un amago de infarto, con 63 años, se aparta, sin desertar.

La batalla entre ambos es jugosa, pero es otro reportaje. Éste se pregunta por Vox, y Vox ha rechazado responder. En Seseña llegó al 21,91%, porcentaje récord entre las 23 ciudades con más de 10.000 censados de una región donde Abascal obtuvo la segunda mejor marca nacional. Ni ese éxito ha relajado la clandestinidad de Vox, que rompe Juanjo, 38 años, madrileño de Santa Eugenia, residente en El Quiñón, votante en verde, como la mayoría de sus amigos. También apostaron por Vox la pareja AndrésClaudia; Roberto, transportista, o David, que habla a la carrera, en mañana de runner. El principal argumento de todos: «Ponen lo español y a los españoles por delante». Hay otros: Juanjo es muy taurino, Roberto recela del feminismo, David habla del 1-O… Valoran regresar al PP en las municipales y no conocen a la candidata local de Vox. Ninguno cita problemas de convivencia con inmigrantes. Sienten orgullo por lo que votaron y dejan la sorpresa para Julián, 51 años, jardinero del servicio municipal, y su compañero Javi, de 42, que se reconocen «alucinados, porque este pueblo era comunista». Ambos se muestran antipolíticos, sin llegar al nivel de Jennifer, que viene a El Quiñón para prepararse como auxiliar de guardería. Tiene 19 años. ¡Por fin podía votar! «No voté». ¿Por qué ganó Vox? «A mí ya no me sorprende nada». Hastiada a los 19. ¿Ha cambiado mucho este barrio? «Sí, mucho, pero yo no viviría aquí por nada». En eso, son contrapunto feliz Ángel y Virginia, que pasean a una niña de días, del 5 de mayo. «Sí, conocemos a bastante gente que ha votado a Vox». No juzgan. Sí se posiciona Carmen, profesora de 32 años, que vino aquí a enseñar desde Tobarra (Albacete), de baja recién estrenada a los siete meses de embarazo: «Que a un partido nuevo, tan extremista, le haya votado tanta gente… Da que pensar».

El ex alcalde de Seseña, Manuel Fuentes

El retablo da pistas de por qué Vox cautivó tanto. El Quiñón está hecho de jóvenes, es decir, gentes de fidelidad electoral volátil, a diferencia de sus padres. Jóvenes, muchos, con ansia de revancha, expulsados por una ciudad, Madrid, incluso por unos barrios, incluso por un primer cinturón, que no pueden permitirse. Frente a la realidad, el yo: aunque sea a 32 kilómetros, la casa deseada, con piscina; frente al imposible de la capital, carretera y manta para vivir como quieren, aunque sea en un lugar que tuvo la peor fama y hoy es tan parecido a otros. Son asalariados y tienen hipotecas, pero no son de izquierda, son propietarios. Individualismo como solución a problemas sistémicos. En lo que tienen de buscadores de oro, el tiempo les dio la razón, sobre todo a esa mitad de residentes que compraron tras despeñarse los precios, después de la intervención del Ayuntamiento.

Juanjo compró su piso en diciembre de 2012. El Pocero había tasado aquella vivienda de dos habitaciones en 190.000 euros, pero ante su propio colapso financiero, la entregó al banco como pago. Y la entidad, con el mercado desplomado, la puso a la venta en 56.000 euros. Eso pagó Juanjo, que hoy podría vender por 114.400 euros, lo que piden en Tamcasa por un piso de las mismas características, según muestran los anuncios de la cristalera. Dentro no dan respuesta, tampoco en la inmobiliaria de dos esquinas más allá. Ni para ellos, ni para muchos vecinos, a la vista de su reacción, es bienvenida la prensa, por aquellos días en que más que denuncia se hizo mofa de un barrio que hoy son 10.000 habitantes. Al menos, así lo sienten, en otro componente sólido -lo reactivo- del voto extremista, macerado en los adentros y expulsado ante la urna. Eso pasó en El Quiñón, donde no hay cartelería de Vox, ni tampoco ese rasgo que se adjunta a la derecha: bandera en el balcón. Las que motean esos bloques desmesurados son tan pocas que podrían haber quedado olvidadas del triunfo en el Mundial de 2010, fecha fantasmal aquí. Hoy: Carmen alquiló el piso sin verlo porque no daba tiempo y un amigo de Juanjo dejó la señal en la inmobiliaria para que le llamasen en cuanto se liberase la venta del bloque más cercano a la entrada, aún con las cintas cruzadas, sin inaugurar. «La última vez que pregunté en la inmobiliaria me dijeron que quizá se lo iba a quedar entero un fondo buitre». Seseña, España al descubierto.

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