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España

Se Buscan Líderes – Manuel Povea

Comprendo perfectamente que las redes sociales, para el común de los usuarios, acaban por ser un espacio donde jugar a verter impulsos, más o menos inmediatos, a los que otorgamos un bajo nivel de responsabilidad. La facilidad para desdecirse sin consecuencias, anima mucho al personal a teclear desde la visceralidad, porque siempre hay tiempo de cambiar de opinión. No hay que confundirlo con sinceridad, que encajaría con aquello de Sabina de “…por decir lo que pienso, sin pensar lo que digo, más de un beso me dieron, y más de un bofetón…”. No, esto es más del estilo de discusiones de barra de bar, si las recuerdan, en las que abundan consignas y frases hechas y en las que los argumentos serios brillan por su ausencia.

En este tiempo de encierro tuiteamos a destajo, quizás como parte de una terapia que suavice la condena. Hay quien sugiere que recuperaremos las calles transformados positivamente, que esta pandemia nos hará mejores. Pero entretanto, cuesta encontrar mensajes de opinión transversal, que no se basen en defender las acciones o inacciones del partido al que le votaste. La falta de transversalidad puede que sea, en mi opinión, una de nuestras fragilidades como país. Parecemos obligados a posicionarnos ciegamente en un bando, ya sea un equipo de fútbol, un partido político o un canal de TV. Hacemos oídos sordos a cualquier mensaje que llegue desde otro lado que no sea el nuestro. El objetivo nunca parece ser evolucionar como sociedad, vivir mejor y sufrir menos, no; se trata simplemente de que los míos queden por encima de los otros. Y así, ciegos y sordos a todo lo que no lleva nuestro escudo, nos convertimos en terreno abonado para la manipulación.

«Me parece difícil encontrar alguna honorabilidad o  atisbos de autoridad moral entre nuestros dirigentes»

No hace mucho, un par de generaciones tal vez, los principios y los valores personales pesaban. Se podía cambiar de opinión, pero no de principios, porque esos se traían de casa. Había honor, incluso entre adversarios, y había límites, marcados por la altura moral de cada cual. Hoy me parece difícil, siendo generoso, encontrar alguna honorabilidad o  atisbos de autoridad moral entre nuestros dirigentes, ya sean los que gobiernan o los que aspiran a gobernarnos. Y mientras, a los ciudadanos, se nos entretiene lanzándonos carnaza que disputarnos en forma de estúpidos debates, sobre informaciones sesgadas, con los que alimentar nuestro perenne entretenimiento nacional: el afán por llevar razón, en lugar de razonar sobre nuestros afanes.

Los ciudadanos, aunque no parezca relevante, somos esas personas que se convierten en votantes de cuando en cuando, y por tanto, dueños teóricos de nuestro propio destino. Pero como conjunto cuesta organizarse, y es por eso que necesitamos personas que ayuden a aunar voluntades, igual que los equipos necesitan entrenador o las tripulaciones, capitán. Nuestra sociedad, que tantas buenas capacidades ha mostrado siempre, me gustaría aún más en la medida en que transitara desde la defensa de las ideas de los nuestros, hacia la defensa de la mejor idea. Mientras tanto, seguiremos abocados a cargar con candidatos impuestos por el aparato de partidos a los que confiamos nuestro voto, simplemente porque esos son los nuestros. Mi sensación es que España, como cliente imaginario, necesita publicar un anuncio del tipo: “Urgente. Se buscan líderes. Razón aquí y ahora”.

Manuel Povea       

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