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¿Se fomenta la pedofilia desde la cultura pop japonesa?

Las colegialas son un personaje recurrente en el anime. KANTOKU

Existen prácticas bastante perturbadoras dentro de la sociedad nipona que, de vez en cuando, llegan a oídos de Occidente y nos ponen los pelos de punta. Son cosas como el burusera (la venta de ropa interior infantil), el jk osanpo o enjo kosai (los hombres adultos que pagan por paseos con niñas), el jk sagyosho (talleres en los que las jóvenes enseñan su entrepierna mientras hacen origami), el jk rifure (adolescentes que dan masajes a sus clientes), los grupos idol adolescentes que incluyen prostitución y que están controlados por la yakuza, las muñecas hinchables para pederastas o lo que esconden algunos maid cafés. También hay libros de fotos de menores en bañador muy normalizados en los que no hay desnudos, pero sí se exhiben poses provocativas poco adecuadas para esas edades.

¿Se fomenta la pedofilia desde la cultura pop japonesa?

Quizá caigamos en los clichés, o juzguemos a Japón desde nuestro desconocimiento o ignorancia sólo por casos o tendencias aisladas, pero estas prácticas existen. Sin embargo, si pensamos en las estadísticas está claro que algo no funciona del todo bien. Según un estudio del Instituto Nacional de la Población y la Seguridad Social japonés el 40% de los solteros nipones menores de 34 años son vírgenes y un 70% de los mismos no han tenido nunca una relación amorosa (la cifra baja al 60% en el caso de las mujeres).

Hifumi Okunuki, profesora de la Universidad de Mujeres de Sagami y presidenta del sindicato Tozen, hablaba en un artículo de que hay toda una industria que explota a las JK (joshi kosei o estudiantes de instituto), y que la sociedad nipona es permisiva y no hace nada para evitarlo. En las últimas dos décadas han prosperado negocios de este tipo camuflados en otros supuestamente legítimos y que intentan aprovechar la alegalidad en algunos aspectos. ¿Qué ocurre dentro de Japón? ¿Por qué esa fijación con las colegialas? ¿Por qué esa cosificación de los -y sobre todo de las- adolescentes?

Saori es una youtuber nipona enamorada de España y del idioma español que cuenta anécdotas de Japón en la plataforma audiovisual como LaEsponesa. Con sus más de 173.400 suscriptores, Saori afirma que la la pedofilia no forma parte inherente de la cultura japonesa. «En absoluto».

De una opinión similar es Luis Rodríguez, un apasionado de la cultura nipona y co-creador del blog Japonismo, uno de los más populares sobre este tema en español. Rodríguez cree que «no se puede decir de forma tan tajante» que la pedofilia esté entremezclada con la cultura del país, y puntualiza que «lo que sí es cierto es que, sobre todo en las décadas de 1980 y 1990 empezó a surgir una cierta obsesión sexual por muchachas prepubescentes que tuvo su reflejo también en manga y anime de esta temática, en lo que se ha venido a llamar lolicon, de Lolita Complex».

Una perversión fomentada por el mercado

Kira Sensei (alter ego de José Luis Villardell) es otro youtuber, en este caso español, que habla en sus vídeos sobre el Imperio del Sol Naciente. En sus clips -que siguen casi 260.000 suscriptores- este profesor de japonés hace un análisis de la sociedad nipona desde dentro, ya que reside allí. Kira remite a una tesis de Keith Vincent denominada The Gelealogy of Japanese Inmaturity para explicar que los japoneses de ambos sexos tienen auténtica devoción por la infancia como una etapa pura, auténtica y libre de imposturas, ya que en la edad adulta deben seguir las normas y reprimir sus emociones al máximo.

Esa admiración habría degenerado por culpa del mercado, que «ha convertido la infancia en producto y lo vende a un sector de hombres depravados que no distinguen entre admiración y atracción sexual», asevera. Para él, «el mercado del sexo con personajes infantiles es grande en las tiendas» pero no en la realidad social de Japón. El youtuber considera que «los pedófilos están muy mal vistos, perseguidos y a menudo cualquier mínimo incidente entre un adulto y adolescente termina con el hombre en la cárcel». Esto ocurriría incluso con pequeñas conversaciones. «Es un tema muy sensible que roza el tabú. Nadie se atreve a defender a un hombre en esos casos», sentencia.

«La pedofilia está en todas partes»

Para María José Cañizal Sardón, traductora de inglés- japonés- español y colaboradora del blog Okuroku Webzine, creer que la pedofilia no forma parte de la cultura japonesa es «estar bastante ciego y no ver la realidad como es». Para esta también especialista en comercio exterior y relaciones internacionales, «los hechos son los que son, y desde el punto de vista occidental, la pedofilia está en todas partes«. Cañizal va algo más allá que el resto y asevera que en el país del Sol Naciente «las mujeres tratan de parecer colegialas toda su vida porque las arrugas o envejecer no es para nada el canon de belleza. Y partiendo de algo tan simple como el concepto de belleza, se puede ver ya cierta tendencia pedófila».

Además, la traductora no se muerde la lengua y menciona algunas actividades normalizadas en Japón que, cuanto menos, pueden resultar chocantes en Occidente, como «el hecho de que la mayoría de los asistentes a los conciertos de las Morning Musume son hombres más que adultos… y las niñas tienen una media de 15 años. En este lado del charco, los grupos infantiles son para niños, y si van adultos son para acompañar a sus hijos, cosa que es muy distinta en Japón».

María José también habla de «las cintas ‘eróticas’ profesionales de niñas/modelo de menos de 18 años (recordemos que la mayoría de edad en Japón es a los 20), en las que aparecen en biquini, en posturas claramente sexuales, y que eran consumidas en su mayor parte por hombres de más de 30». Asimismo, recuerda que hasta hace poco no era ilegal ni tampoco estaba mal visto «que los hombres nipones tuviesen cintas eróticas con contenido infantil en casa».

Kawaii, anime y otras cosas menos puras

Hello Kitty es el máximo exponente del Kawaii.

El kawaii es toda una moda y una gran industria en Japón que, en parte, ha crecido como un vehículo de expresión contra esa represión de emociones a los que los adultos japoneses se ven sometidos. Con esta palabra se representa todo aquello que es bonito, mono, puro, ‘cuqui’, infantil, tierno. Hello Kitty es el mayor icono de este mundo. La gatita mueve a millones de fans y hay todo tipo de merchandising con su imagen. Existen puertas de embarque de aeropuertos e incluso va a contar con su propio tren bala temático a finales de junio.

«Kawaii es una palabra que se puede usar en demasiados contextos, no sólo es aplicable al tema de la pederastia. Sin embargo, sí es cierto que el género Kawaii puede ser una consecuencia del problema intrínseco de la sociedad», explica Cañizal. «Japón es una sociedad que alaba la juventud, o más bien, adora la pureza. Su cultura basada en las raíces de su religión autóctona (el Shinto), alaba la pureza de todo ser o cosa que hay en este mundo. De ahí que los japoneses siempre se hayan tomado muy en serio el tema del aseo corporal, de la limpieza y de todo lo relacionado con la purificación», añade la traductora.

La traductora piensa que «transportar después a las mentes pervertidas esta palabra puede ser una consecuencia más del amor a la pureza». «Obviamente, no todos en Japón tienen debilidad sexual por los niños (gracias a Dios)», apunta, aunque reconoce que «exportado al tema de anime, obviamente emplean lo kawaii para calentar a los hombres».

¿Arte o pornografía?

El creador de Japonismo , por su parte, cree que parte del problema tiene su origen en todos los cambios producidos en la sociedad japonesa, sobre todo tras la Segunda Guerra Mundial. «La ansiedad de los jóvenes frente al mundo de los adultos, los cambios en los roles de género, los problemas derivados de la explosión de la burbuja económica en Japón… Todo esto ha tenido su reflejo en el manga y el anime que, en el caso japonés, trata absolutamente todas las temáticas habidas y por haber», aclara Rodríguez.

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El grupo ‘idol’ Morning Musume está formado por adolescentes, pero su público es adulto.

El blogger matiza que «la obsesión de hombres adultos por niñas prepubescentes no es algo exclusivo de Japón, pero en otros países no se encuentran vehículos de transmisión de contenidos relacionados con esto». En la misma línea, Kira Sensei plantea un paralelismo con otras tendencias artísticas en Occidente. «En la mente de un pervertido no hay una clara división, pero sí que la hay en la que ve el manga y anime kawaii como un arte o una forma de contar historias. Sería como ver sexo o arte en un cuadro de Velázquez donde retrata a mujeres desnudas. Depende de la mente que mira ese cuadro», destaca.

Según este youtuber afincado en el territorio asiático «los occidentales no vemos el arte en el manga y anime, por ello tendemos a pensar que la única intención de un personaje kawaii es provocar sexualmente al personal». Por otro lado, sí que reconoce que «se puede hablar de una desviación creada por un mercado capitalista que ha convertido en producto la infancia mezclada con el sexo».

Cañizal considera que la línea que separa el mundo kawaii, idol y anime de la pedofilia se encuentra en el que está creando y también en la mirada del que lo ve. «Hay autores de manga, o incluso idols que no tienen intención de que sus obras o sus canciones o ellos mismos sean consumidas precisamente por pederastas. Pero, también hay muchos autores y productores de música que utilizan la pederastia para atraer más público», lamenta. «El sexo vende, y vende en todas sus vertientes. Eso lo saben los creadores y productores. Obviamente, si no tienes ningún tipo de escrúpulos vas a usarlo si lo que te interesa es el dinero… Y si encima no está regulado, pues… cancha libre para la depravación«, critica.

¿Está mirando el gobierno japonés para otro lado?

Como japonesa, Saori opina que «mientras uno no cometa ningún delito, lo considero como un hobby. Si a una persona le gustan los mangas de la categoría BL(también conocido como Yaoi , ¿esa persona llega a ser una «enferma»? Para mí es un gusto, nada más. Si sabe dónde está el límite, no creo que haya problema», manifiesta. LaEsponesa apunta a que muchas de las prácticas sexuales pedófilas que comentamos al principio se deben «a la falta de conocimiento». Esta nipona castellanoparlante explica que en Japón el tema de sexo «es un tabú y nunca se habla en familia. En la escuela tampoco se hace una educación sexual adecuada. Habría que cambiar la mentalidad y no ver el tema de sexo como un tabú«, apostilla.

Cañizal reconoce que el gobierno japonés dio «un paso al frente» al prohibir la posesión de cintas pederastas en los domicilios particulares pero asegura que no es «suficiente para frenar esta práctica». La especialista duda de que algo que haya estado «bien» para el Estado durante siglos y que se ha aceptado socialmente se vaya a parar con «acciones tan básicas y simples».

Para Rodríguez, la administración nipona también podría hacer bastante más. «El Gobierno japonés es bastante timorato a la hora de legislar en contra de muchas de estas cosas, sobre todo porque suelen contraponerlo a la libertad de expresión», manifiesta. El creador de Japonismo explica que en esta prohibición de tener pornografía infantil se dejó fuera el manga y el anime, ya que los menores en actitudes abiertamente sexuales en estos medios no son reales ni identificables y se vio que eso limitaría esta libertad.

Por otro lado, aclara que muchos de estos cambios legales surgen por presión internacional, tanto de otros gobiernos como de grupos que se dedican a luchar contra el abuso de menores. «Ellos son los que consiguen que estas noticias salgan a la luz y el Gobierno japonés se vea ante la tesitura de tener que actuar si no quiere acabar avergonzado en la arena política internacional», asegura. El peso de la industria, que en 2016 movió más 400.000 millones de yenes (más de 3.000 millones de euros), también ejercería una gran presión para que la administración del país sea tan reactiva.

¿Cómo se puede atajar esta lacra? ¿Qué otros aspectos hay que atacar? Cañizal opina que debería existir un consenso, y que el cambio debería llegar desde la cultura popular. «Un muy bien sistema sería que en las series de niños se viese la pederastia como algo malo, y no como algo aceptable». La traductora y especialista en relaciones internacionales recuerda que hay series manga y anime en las que los niños se enamoran de sus profesores y viceversa y propone que eso deje de estar bien visto. En cualquier caso, entiende que «erradicar este tipo de cosas va a ser un proceso lento y con muchos altibajos».

Kira comenta que en el tiempo que lleva en Japón nunca ha leído que se plantee el tema de los personajes infantiloides y sexualizados como un problema por parte de la prensa nipona. También le sorprende la libertad de publicación que tienen las editoriales: «No veo protestas intensas por terminar con este mercado perverso». A juicio del youtuber y profesor, «el problema está en el machismo. Hay poco respeto a la mujer. En cuanto los japoneses respeten más los géneros y sexos asignando roles iguales se empezará a regular este tipo de contenido».

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