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Francia

Suicidios en la policía francesa: las razones del malestar

Algunas de las razones del malestar de los policías son regularmente destacadas por los medios de comunicación. Por ejemplo, el problema de las horas extras. Desde hace varios años, entre los atentados, la crisis migratoria o, más recientemente, el movimiento de los «chalecos amarillos», los policías han acumulado más de 21 millones de horas extras. Además del cansancio que esta sobrecarga de trabajo puede generar, también se plantea la cuestión del pago de estas horas. El Estado todavía tiene que pagar a sus agentes más de 275 millones de euros. Un retraso en el pago y la recuperación que puede hacer que los policías no se sientan respetados por su administración.

Armas y ambiente viril

Otro factor, combinado con los demás, permite explicar el número particularmente alto de suicidios en la policía: la proximidad permanente con un arma de fuego. El paso al acto sería facilitado por las armas de servicio. En 2018, ante la comisión de investigación del Senado sobre el estado de las fuerzas de seguridad interna, Eric Morvan, el director general de la Policía Nacional, señalaba que el 60% de los policías que se suicidan lo hacen con sus armas de servicio.

Además de las armas, el virilismo que aún reina en el seno de la policía contribuye a este malestar, según algunos agentes. «Durante mucho tiempo, la imagen del policía [en el cine] era Belmondo o Delon, hombrones», señala Eric Roman, capitán de policía y secretario general del sindicato Policiers en Colère (policías enojados). Según él, cada policía se enfrenta a lo largo de su carrera con imágenes que «atormentan» la mente. «Necesitaríamos una visita obligatoria al psicólogo todos los años, y que esto no sea percibido por los colegas como un signo de debilidad sino como una simple cita en la medicina laboral». Por miedo a la intimidación o para evitar mostrar sus dudas, muchos policías prefieren el silencio, cree Eric Roman.

Una jerarquía desconectada

Muchos policías también señalan a su jerarquía directa a la hora de explicar las razones de su malestar. Según ellos, las relaciones deterioradas entre la base y los jefes estarían en el centro de esta situación. La jerarquía a menudo parece estar demasiado distante y no suficientemente en contacto con lo que ocurre en el terreno. «Hoy en día, los oficiales o comisarios que ingresan a través de concursos externos no están interesados por la policía de terreno», estima Eric Roman. «Por ejemplo, hay jóvenes que salen de la escuela a los 25 años, a menudo de universidades o de Sciences-Po París, y que no saben qué hacer. Ya hemos tenido a comisarios que nos preguntan si es realmente útil tener un arma de servicio… Están desconectados y sólo interesados por el aspecto intelectual y por la gestión, es dramático», añade.

Los policías también denuncian una cultura del resultado que practican algunos jefes. Ocurre, por ejemplo, con el narcotráfico, donde los resultados fáciles de contar se verían favorecidos frente a las investigaciones sobre el terreno de mayor duración. Otros funcionarios también denuncian la presión ejercida sobre ellos por algunos dirigentes, que a veces equivale a un acoso moral.

Una tímida toma de consciencia

Consciente de ese creciente malestar en el seno de la policía, la administración intenta responder con medidas concretas. Pero esto no impide los movimientos en falso. El último fue a finales de mayo de 2019: en una carta dirigida a los funcionarios para combatir el suicidio, Eric Morvan, el director general de la Policía Nacional, invitaba a sus agentes a «promover la convivencia» organizando, por ejemplo, «tiempos colectivos de ocio alrededor de una barbacoa, de una excursión deportiva o un picnic». Un programa que no cumplió con las expectativas de los policías, que esperaban compromisos concretos y financieros de la dirección.

La administración ha realizado otros esfuerzos, como la creación en los últimos meses de una plataforma para denunciar los casos de acoso interno. Bautizada «Signal Discri», emplea a cuatro personas y está adscrita a la Inspección General de la Policía Nacional (IGPN). «Actualmente hay 173 casos de acoso denunciados «, indica Brigitte Jullien, la directora general de la IGPN. «El acoso no necesariamente viene de la jerarquía superior, también puede venir de colegas, así que estamos trabajando en ello para tratar de perseguir a las personas que acosan porque desafortunadamente las hay», concluye Brigitte Jullien modestamente. Sin embargo, estos esfuerzos son considerados demasiado lentos por algunos sindicatos de policía, que ya temen un pico de suicidios durante las fiestas de fin de año.

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