¿Tienes bolsas? La culpa podría ser del contorno de ojos

Foto: IMAXTREE.

Bolsas y ojeras traen de cabeza a gran parte de la población. Unas por la hinchazón que suponen, las otras por ese tono oscuro, el caso es que su presencia en la periferia del ojo nos hace tener mala cara, de cansancio, de agotamiento. Y no solo eso, acarrean a su paso preguntas y comentarios que hacen alusión silenciosa precisamente a eso, a una mala época en lo que se duerme poco o llena de problemas personales. Pero ojo, y nunca mejor dicho, las bolsas no son necesariamente sinónimo de una mala racha o de una época de mal descanso. Porque el culpable de ellas podría ser, ni más ni menos, que el contorno de ojos que estés usando.

En realidad, el (pobre) contorno de ojos tampoco es el culpable absoluto de esas bolsas enemigas. En el cómo se usa reside el quid de la cuestión de esa mala mirada. Porque en temas de cosmética, a veces no es el qué sino el cómo: la manera de aplicación tiene mucho que decir en estos asuntos. Al igual que te puedes estar lavando el pelo y que no te dure limpio, problema de cómo te estás enjabonando y aclarando, la manera de usar el contorno de ojos es fundamental tanto para su efectividad como para evitar la aparición de bolsas oculares.

Así se aplica bien un contorno de ojos

A pesar de lo que su nombre indica, hay que tener en cuenta que el contorno de ojos no se aplica exactamente en los bordes del ojo, sino alrededor de este. Pero este ‘alrededor’ real puede parecer más lejano de lo que el común de los mortales pueda pensar.

Pedro Catalá, cosmetólogo y fundador de Twelve Beauty, aconseja lo siguiente: “Yo opto por las texturas ligeras (gel, emulsiones ligeras) que al aplicarlas se deslizan por el contorno de los ojos con facilidad. Y, sobre todo, no me gusta aplicar a toquecitos ya que la piel alrededor de los ojos es entre cinco y 10 veces más fina respecto a otras zonas del rostro y podría romper algunos de los capilares más débiles provocando en casos severos la aparición de edema, las tan conocidas bolsas”.

Las teorías más extendidas (como en todo, aquí también hay diferentes teorías) sugieren que el contorno de ojos tiene que aplicarse recorriendo los límites de la órbita ocular, donde está enmarcado el ojo. Habría que comenzar desde el nacimiento de la ceja e ir barriendo a toques hasta su final.

En la parte conflictiva, la que está bajo el ojo, se comienza más abajo de la zona de la ojera, evitando esa piel tan fina, y se trabaja con las yemas, con movimientos leves y hacia fuera, siempre hacia afuera (a modo de ‘lifting’ casi). A la hora de dar toques o deslizar ligeramente, según la textura, siempre es mejor usar el dedo anular: es el que menor fuerza ejerce y con el que se corre menos riesgo de romper capilares. Así que a menos que sea específico y esté indicado para esta zona, el contorno de ojos (más aún si se aplica de noche), no debería tocar la fina piel de la zona oscura.

Donde sí hay que incidir con el contorno es es la zona de las patas de gallo: ahí no se corre ningún riesgo y en el fondo es la zona que más nota el envejecimiento. Es el área que más se debe trabajar, tanto hacia arriba como con masajes circulares como para deshacer las arrugas y relajar la zona.

Pero… ¿Por qué insistimos en no usar el contorno de ojos en la zona de la ojera, y menos aún de noche? Porque puede taponarla y evitar que ‘respire’ normalmente y no drene como es debido, con lo que el efecto que se produce es el contrario al buscado, esto es, unas bolsas más pronunciadas por las mañana.

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