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Toda la audacia de ‘Sexo en la ciudad’, pero en Senegal
Senegal TV/Cine

Toda la audacia de ‘Sexo en la ciudad’, pero en Senegal – Mistress of a Married Man

En la escena más polémica de Mistress of a Married Man, una nueva serie de televisión inmensamente popular en Senegal, la protagonista del programa, Marème, se pone un atrevido traje sastre color magenta y acude a una cita con un hombre casado, pero no sin antes señalar hacia abajo de su cinturón.

“Esto es mío”, le dice a su mejor amiga. “Se lo doy a quien me plazca”.

La serie, que se estrenó en enero, ha alcanzado rápidamente el mismo nivel de popularidad que Sexo en la ciudad, lo cual ha detonado un feroz debate respecto del papel de las mujeres contemporáneas en un país de mayoría musulmana en África occidental que, como gran parte de la región, se está urbanizando a una velocidad vertiginosa. Tan solo el primer episodio ha sido visto más de tres millones de veces en YouTube, una cifra casi equivalente a toda la población de la capital de Senegal.

En un país donde la sexualidad de la mujer a menudo se ha escondido detrás de una cultura de discreción, la declaración de Marème, dicen los fanáticos, fue toda una rebelión. Además, se apega a un movimiento más amplio de mujeres que afirman su independencia. La serie no solo aborda el deseo femenino, sino también la violación, las enfermedades mentales, el poder de los hombres, la violencia doméstica y los celos que surgen de la poligamia.

Es parte de un estallido de producciones televisivas y fílmicas impulsadas por mujeres en toda África en el que guionistas, productoras y actrices reafirman abiertamente la sexualidad de la mujer, desafían los roles de género tradicionales y presentan historias marcadamente africanas dirigidas a audiencias africanas.

Ha habido algo de oposición, tanto de fuentes oficiales como de espectadores cotidianos. En Senegal, un regulador del Estado ha amenazado con prohibir la transmisión de Mistress of a Married Man, pues señala que el contenido probablemente dañe la “preservación de las identidades culturales”.

Mistress of a Married Man se transmite dos veces a la semana en YouTube y en el canal 2STV. Es creación de Kalista Sy, de 34 años, que trabajaba como periodista de televisión cuando escribió el primer episodio después de teclear en Google la búsqueda: “¿Cómo se escribe un guion?”.

La serie se centra parcialmente en Marème Dial, interpretada por Halimatou Gadji, y cuatro mujeres más, muchas de las cuales trabajan en SenegIndia, una compañía de construcción de la vida real que de verdad está construyendo una ciudad en las afueras de Dakar y que se ha convertido en un símbolo del rápido crecimiento de la región. SenegIndia es uno de los principales patrocinadores de la serie.

Además de Marème, que se acuesta con Cheikh, también está Djalika, una profesionista exitosa con un esposo alcohólico y abusivo del que termina por divorciarse; Racky, una supervisora de construcción que usa un casco y a quien se le insinúa su jefe, y Lalla, la esposa de Cheikh, quien enloquece cuando Cheikh toma a Marème como su segunda esposa. (También hay una mujer llamada Dior que es un personaje secundario).

En su casa en el vecindario Ouest Foire de Dakar, Sy dijo que ya se había cansado de los personajes de mujeres escritos por hombres o por extranjeros. Quería ver a las mujeres que conocía —sus lados bueno y malo, su complejidad— representadas en pantalla.

“Estoy haciendo algo muy senegalés”, comentó. “Es para el pueblo senegalés primero, y después para el mundo”.

Senegal, un país de casi dieciséis millones de personas que está esforzándose por convertirse en uno de los principales actores económicos de la región, practica una versión del islam que el presidente Macky Sall ha descrito como moderada y tolerante. En público, muchas mujeres son libres de correr por la playa usando blusas sin mangas, ir a la universidad y llevar vidas profesionales. Sin embargo, en la casa, los hombres a menudo retienen el poder.

Algunos hombres se casan con dos esposas o más, pero, para las mujeres, la sexualidad a menudo sigue estando oculta tras una cultura de sutura, un término en wólof que insinúa discreción y modestia.

El país tiene una rica tradición cinematográfica, pero la televisión a menudo ha sido dominada por series de Estados Unidos, telenovelas de Latinoamérica y programación importada de la industria de Nollywood, en Nigeria.

En la última década, las estaciones han comenzado a favorecer el trabajo local, pero esas series han sido escritas en su mayor parte por hombres. Además, a menudo presentan a las mujeres en papeles sumisos, con personajes que se esfuerzan mucho por seguir con sus esposos, sin importar los abusos ni los engaños, señala Marame Gueye, una profesora senegalesa que imparte Literatura Africana en la Universidad del Este de California.

Sy creció en una familia fulani tradicional. Comenzó a escribir Mistress of a Married Man como una novela seriada en la página de un grupo de Facebook; más tarde la seleccionó una productora llamada Marodi TV.

Ahora, la reconocen en todo Dakar. Su esposo, Medoune Diop, de 37 años, un especialista en computación que vive gran parte del tiempo en Francia, dijo que se sintió muy feliz de escuchar que los miembros de la diáspora senegalesa hablaban de la serie en las calles de Rennes, Francia, a más de 4000 kilómetros de distancia.

Según las instrucciones de Sy, sus personajes prefieren a los diseñadores senegaleses —llevan blusas con mangas acampanadas y telas coloridas de NuNu y Sisters of Africa— y peinados naturales; rechazan la práctica de blanquearse la piel. También hablan wólof, la lengua que muchos prefieren en una nación oficialmente francófona.

“Le ha abierto los ojos a la sociedad senegalesa”, dijo Seynabou Diop, de 23 años, la camarógrafa asistente de la serie. “Estamos mostrando cosas que no se habían visto antes”.

Los fanáticos son de todas las edades, clases y géneros. En Dakar —en puestos de fruta junto al mar, en pequeños quioscos y dentro de las casas— muchas personas dijeron que la popularidad de la serie reflejaba un deseo profundo de ver la realidad representada en pantalla.

“Jamás me la pierdo”, dijo Mbayang Gueye, de 29 años, que vive con su hijo y una familia extendida en una pequeña casa en el vecindario de Medina en Dakar.

Marème ha surgido como un personaje muy popular, tanto entre los hombres como las mujeres. Las familias ven la serie juntas, reunidas en torno a las pantallas difusas de televisión. Las adolescentes copian los peinados de Djalika. Los hombres se ven reflejados en el dilema marital de Cheikh. Facebook está lleno de grupos dedicados al “Equipo Racky” y al “Equipo Marème”.

No obstante, no todos los senegaleses están tan encantados con el programa.

Después de revisar la escena de Marème en la que dice “Esto es mío”, el regulador de transmisión del país envió un aviso para advertir que el programa presentaba “palabras, comportamientos e imágenes que son impactantes, indecentes, obscenas u ofensivas”, y señaló que podría ser retirada del aire.

Además, este año, un influyente grupo musulmán en Senegal, Jamra, amenazó con organizar una marcha para manifestarse en contra de la serie. En una entrevista en su casa, Mame Mactar Gueye, el vicepresidente de Jamra, felicitó a Sy por crear “un espejo de la sociedad senegalesa”, pero dijo que deseaba que hubiera creado una narrativa para desalentar la infidelidad, en vez de adoptar una actitud apologética al respecto.

Incluso algunos fanáticos se han sentido perturbados por los momentos más explícitos. Ndeye Madjiguene Sambe Dieng, de 60 años, una profesora retirada, dijo que algunas de las prendas eran demasiado reveladoras.

A pesar de todo su éxito, no está claro si la serie regresará con una segunda temporada. Además, Sy dijo que, si fuera así, temía perder el control de la narrativa, que quedaría en manos de productores varones. Dice que quiere combinar la segunda temporada con una revista, pero no está claro cómo obtendría el financiamiento para lograrlo.

Julia Cabrita Diatta, la directora comercial de la serie, dijo que el dinero era un “desafío constante” y señaló que algunos de los principales anunciantes se habían retirado de la serie después de decidir que era demasiado controvertida.

El episodio final se transmitió tan solo horas después de que acabó la filmación y, en el vecindario de Medina, las calles arenosas comenzaron a vaciarse conforme las familias se acomodaban frente a sus televisores. “Salaam alaikum”, se saludaban los vecinos mientras entraban a las salas y las habitaciones para ver la serie.

En una habitación, Gueye, la admiradora de 29 años, tomó el asiento más cercano a la televisión. Apenas movió los ojos, pues no dejó de ver a los personajes durante los siguientes setenta minutos.

“Es muy buena”, comentó. “Las extrañaré y me sentiré sola sin ellas”.

Julie Turkewitz es una corresponsal nacional que vive en Denver. Desde que se unió a The New York Times en 2014, ha conducido más de 320.000 kilómetros por todo Estados Unidos para escribir sobre una variedad de temas y cubrir desastres como huracanes e incendios forestales.

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