Vinicius y Asensio, musical copero en el Bernabéu

Vinicius Junior entra en el área del Melilla, ante dos rivales. Rodrigo JimenezEFE

En Concha Espina se mezclaban los aromas de la Copa Libertadores que asoma el domingo con el ambiente Cortylandia del partido copero contra el Melilla. El horario y el precio de las entradas llenó el Bernabéu de niños, muchos de puente en la capital. Para ese tono festivo, qué mejor que dar la pelota a Vinicius y Asensio, Zipi y Zape contra la defensa del equipo de Segunda B. Ellos lideraron la goleada [Narración y estadísticas].

Con el 0-4 de la ida resolviendo la eliminatoria, quedó en el verde un rato de fútbol entretenido y la atmósfera curiosa de las gradas, del público infantil ya señalado a los expulsados ultrassur, siempre astutos para comprar entradas en grupo en estos partidos coperos. Despedidos del campo, rotos sus abonos por el club hace algunas temporadas, aprovechan la citas folclóricas para colarse en el campo y hacer algo de ruido. El pique de cánticos con la grada de animación, ubicada ahora en el fondo sur que tantos años ellos dominaron, aliñaba la tarde, en humilde ensayo de lo que se espera el domingo con el River-Boca, el clásico de los clásicos.

En el césped, el Madrid juvenil que plantó Solari también se metió en el papel de animador, un musical en la Castellana en vez de en la Gran Vía. Asensio y Vinicius quisieron divertirse y divertir, con motivos distintos ambos para levantar la mano. Los baches de su inicio de la temporada han dejado al mallorquín pendiente de buscar foco en partidos de esta enjundia, donde las figuras suelen descansar. Así estaba escrito en verano para él, pero no ha habido a un jugador blanco al que le haya sentado peor la crisis general del equipo que a él. Tras aparecer como fijo en cualquier dibujo de ataque que se hiciera en pretemporada, ha vuelto a la casilla de salida de hace casi dos años, cuando le tocó ilusionar saliendo desde el banquillo. Como ya demostró una vez ser capaz de hacerlo, sólo queda confirmar su solidez mental, las ganas de volver a echar la puerta abajo.

Abrió el marcador con dos buenos remates, el primero en eslalon vistoso, buscando el hueco con su cintura, y el segundo cerrando una jugada de Vinicius, su mejor socio. Entre ambos se llevaron por delante a un Melilla agotado en la ida, pero que mereció adelantarse en el Bernabéu por su impetuosa salida. Presión arriba y un par de ocasiones que forzaron a Keylor Navas, otro de los rostros de jerarquía que ahora deben buscarse el jornal en la Copa. En la misma situación está Isco, de artista de Copas de Europa y selección a suplente pendiente de examen. Con el brazalete de capitán en el brazo, se tomó el partido con menos emoción que sus compañeros en el ataque.

Pero incluso al trantrán, el malagueño fue capaz de dejar el mejor gol de la tarde. Se lo inventó ya en la segunda parte, después de los tantos de Asensio y uno de Javi Sánchez, central de planta imponente y decisión. Isco recibió en la frontal y, como si de una falta se tratara, golpeó seco, fuerte y con puntería a la escuadra del meta melillense. En la repetición se vio el disparo perfecto, parado el balón en la hierba. Más tarde Vinicius se llevó su gol tras mucha gambeta y desborde, a veces con tino y otras atropellado. El chico, eso sí, excita al Bernabéu. Y eso no tantos lo consiguen.

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